El foco de la semana: Algo está pasando en China

El foco de la semana: Algo está pasando en China

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Durante la segunda mitad de agosto, el mercado de acciones chino se desplomó a la vez que el Banco Central revaluaba su divisa con respecto al dólar americano. Ambos factores contagiaron todos los mercados financieros, tanto de acciones como de bonos, en lo que se ha denominado ya “lunes negro”. Dado que agosto es un mes de poca actividad en los mercados, la amplificación de los movimientos bruscos es habitual, pero la magnitud y amplitud del sucedido este verano hacen temer que la corrección pueda durar si los factores de fondo se materializan.

Resumidamente, las causas hay que buscarlas en: el posible inicio de una “guerra de divisas” entre los países asiáticos para ganar competitividad exterior, una brusca contracción de la economía de China y la coincidencia con el inicio de las subidas de tipos de interés por parte de la FED estadounidense.

La depreciación del yuan
China decidió flexibilizar el cambio del Yuan, con cierta sorpresa para los mercados, permitiendo una depreciación inicial del 3% respecto al USD en apenas tres días. Los motivos que pueden estar detrás son los siguientes:

China quiere que su moneda pase a ser “moneda de reserva” y que se integre en la cesta de divisas que conforman los Derechos Especiales de Giro (o SDR por sus siglas en inglés), con los que se conceden los préstamos multilaterales de instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial. La aspiración de China pasa por tener más peso en los Comités Directivos de dichos organismos internacionales. Un requisito indispensable para que el Yuan pueda ser moenda de reserva es que su tipo de cambio sea flexible por circunstancias de mercado, en lugar de rígido y controlado por un banco central.

Por otro lado, el yuan se ha revalorizado fuertemente contra las divisas de sus principales socios comerciales (+21% en los últimos 3 años), lo que supone una pérdida de competitividad exterior respecto a otros países asiáticos (Corea, Indonesia, etc.) que si han visto depreciarse su moneda. Por ello, el movimiento intenta compensar en parte este efecto, aunque no puede calificarse de devaluación competitiva ni mucho menos. Tendría que ser mucho más pronunciado para recuperar el terreno perdido y, tras la reunión del G20, se ha manifestado que no se van a tomar acciones en este sentido, sino que se va a impedir una espiral de devaluaciones en los países asiáticos (China incluida) que generen un efecto deflacionista en el resto del mundo.



Aunque la deuda exterior en USD de China es muy inferior a sus reservas de divisas (China posee 3,6 billones de USD en sus reservas de divisas, mientras que la deuda en USD de empresas chinas es de 1,2 billones), también se habría buscado relajar las condiciones monetarias de cara a las esperadas subidas de tipos de la Fed. Dichas subidas probablemente aprecien al USD contra todas las divisas, no solo el yuan.

Desaceleración sí, pero no recesión
Que China está provocando una transición de su modelo económico, no es nada nuevo ni indeseado. De una economía basada en la producción manufcaturera para la exportación, se quiere ir hacia un modelo de más consumo interno y más valor añadido. Esto no se hace de forma rápida y el riesgo de desajustes por el camino es elevado.



La interpretación de la depreciación del Yuan como la evidencia del colapso de la economía china, buscando ganar competitividad exterior perpetuando el modelo antiguo, es algo probablemente erróneo.

Las numerosas medidas de estímulo monetario y fiscal buscan un crecimiento estabilizado en un nivel compatible con una cifra oficial del 6,5% desde tasas superiores al 7% anual. Algunos sectores, como la construcción residencial caen con fuerza, pero aumentará la inversión en infraestructuras y se mantiene el ritmo de crecimiento de la renta disponible y del sector servicios. El impacto sobre la demanda de materias primas ya ha sido recogido en sus precios, lo que llevará a menor crecimiento en países netamente exportadores de este tipo de ínputs (Brasil, Perú, Australia…)



La desaceleración del crecimiento de China tendrá un impacto moderado en la economía mundial, salvo nuevos elementos imprevistos. La inflación seguirá siendo moderada, lo que puede llevar a los bancos centrales de los países desarrollados (principalmente a Europa y Japón) a mantener las políticas monetarias expansivas durante más tiempo, con los tipos de interés inusualmente bajos y la creación de dinero en tasas elevadas.

Impacto en el resto de economías avanzadas
En este contexto, la normalización monetaria en USA puede no ser tan abrupta como el mercado descontaba en los meses anteriores, si bien parece muy próxima la primera subida de tipos. Otra cosa será el ritmo y la intensidad con la que la FED prosiga su senda de normalización, que puede prolongarse algo más en el tiempo.

En todo caso, los efectos de un menor crecimiento en China parecen poco importantes para USA y Europa. La exposición directa a China es baja: menos del 10% de las exportaciones extra-europeas tienen destino final en China, y la cifra es menor en EE.UU.



Por otro lado, la desaceleración de las exportaciones europeas y americanas a China y otros países emergentes será compensada por el abaratamiento de las materias primas que se mantendrá probablemente en los segmentos con claro exceso de capacidad (siderurgia o materiales de construcción)

Según estimaciones de UBS, por cada 1% que se frene la economía china -ya incluyendo el efecto inducido en el resto del mundo- el PIB de la Zona Euro se resentiría en un 0,2%-0,4%.