El foco de la semana: BCE: Tengo una noticia buena y una mala.

El foco de la semana: BCE: Tengo una noticia buena y una mala.

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En su reunión del jueves 10 de marzo, el BCE adoptó nuevas medidas expansivas de política monetaria, anunciadas por boca de su presidente, Mario Draghi. Dichas medidas persiguen combatir la baja inflación y potenciar el crecimiento económico de la zona euro.

La buena noticia

Las medidas consisten, en resumen, en tres actuaciones:

  • Por el lado de las compras de activos, aumentarán el volumen hasta los 80.000 millones de euros al mes, en lugar de los 60.000 vigentes. Además de comprar en  los mercados de deuda pública y de cédulas hipotecarias, la novedad es que también podrá comprar bonos emitidos por empresas, siempre que cuenten con calificación crediticia de grado de inversión.
     
  • En cuanto al sector financiero, el BCE penalizará todavía más los depósitos de las entidades financieras, cargándoles el 0,4% de interés anual. Con esta medida, el BCE pretende que los bancos del sistema financiero de la Unión Europea presten más dinero a familias y a empresas.

  • En la misma línea, y como novedad, introduce un programa de financiación condicionada a concesión de créditos (Long-Term Targeted Refinancing Operations) mediante la cual pagará el interés del 0,4% a los bancos que le soliciten crédito hasta 4 años. De este modo premia a las entidades que concedan crédito mientras castiga a las que no lo hacen.

La mala noticia

En este mundo al revés, en el que pagas por depositar dinero y te pagan por pedir crédito, parece claro que algo no funciona como debería. Las distorsiones sobre la asignación de activos por parte del inversor, que ya se arrastran desde hace tiempo, no ayudan a que estas medidas consigan el efecto pretendido, ya que no rebajan la incertidumbre sobre el estado real de la economía, factor clave para que haya confianza y se tomen decisiones de inversión y consumo con más base racional.

En su comparecencia, Draghi reconoció que la economía de  la zona del Euro no va por el buen camino. Así, el BCE ha rebajado su previsión de crecimiento del PIB de la Eurozona en -0,3%, pasando de un crecimiento esperado del 1,7% para 2016 al 1,4%, pero con una tasa de inflación de tan solo el 0,1% en lugar del 1% previsto anteriormente. También bajan las cifras de crecimiento e inflación esperados para 2017 y 2018.

Esto, en términos llanos equivale a admitir que la zona Euro se estanca y que, pese a las medidas tomadas hasta ahora, no se consigue generar la inflación deseada.

Futuro incierto

Los efectos de unas pobres expectativas de alza de precios o de inflación son en general malos para el crecimiento económico, puesto que decisiones de consumo importantes pueden ser pospuestas ante la creencia que será más barato adquirir esos bienes o servicios en el futuro. Esto, a su vez, retrasa las inversiones empresariales. Como resultado de ambos procesos, el PIB, que en cerca de un 90% es consumo más inversión, crece menos de lo esperado.

La pregunta que cabe hacerse es doble: pese a las pruebas de estrés, ¿tan mal están los bancos que hay que casi obligarles a prestar dinero? Por otro lado, si con la cantidad de dinero vertida hasta ahora en la economía y los tipos de interés a cero, las familias y empresas no consumen, invierten ni se endeudan ¿el problema es el coste y la cantidad de financiación o es de otra índole y por mucho que haga el BCE no se va a solucionar sólo con política monetaria?

Creemos que la falta de confianza, tras la crisis financiera de 2008, está detrás de la debilidad de la economía y, por muchos euros que suelte el BCE, el comportamiento de familias y empresas no va a cambiar fácilmente.