El foco de la semana: El fin de la banca tradicional en Espana

El foco de la semana: El fin de la banca tradicional en Espana

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El ejemplo de Banco Popular

El anuncio de casi 3.000 despidos y el cierre de 300 sucursales por parte del Banco Popular han puesto de manifiesto la crisis del modelo bancario español de los últimos 40 años. En los años 70 y 80, la expansión territorial de los bancos y las cajas de ahorro, mediante la apertura continuada de sucursales y la contratación de personal, permitieron el crecimiento y el aumento de los beneficios del sector financiero, a la vez que España vivía una bancarización creciente.

La crisis financiera iniciada en 2008, unida al pinchazo de la burbuja inmobiliaria, han acelerado la reorganización y racionalización del sector financiero es España, incluyendo la desaparición traumática de casi la totalidad de las cajas de ahorro.

La reconversión inaplazable

Los problemas comunes a todos los miembros del sector bancario pasan por una estructura de costes elevados, principalmente por la cantidad de sucursales, muchas de ellas de un tamaño que dificultan su viabilidad financiera con unos estándares de servicio al cliente aceptables, y unos costes de personal desproporcionados debido a la sobredimensión de las plantillas tras la externalización y la informatización de la mayoría de procedimientos operativos.

Por otra parte, la digitalización de los servicios financieros ha puesto en entredicho el modelo de crecimiento por extensión de sucursales, agravando el problema de sobredimensión estructural de bancos y cajas. La capacidad de prestar la mayoría de servicios y operativa bancaria por internet, ha dejado obsoleta la oficina bancaria tradicional, por lo que hoy en día tiene más sentido la concentración de servicios especializados en pocas oficinas. Ello supone un exceso de sucursales sobre las que hay que tomar decisiones de cierre. Desde el comienzo de la crisis, casi 15.000 sucursales han desaparecido, un tercio del total.

El coste del despido y la mala imagen social de un sector con enormes beneficios despidiendo a multitud de trabajadores han diferido el necesario ajuste de plantillas en el tiempo, hasta que las circunstancias de viabilidad económica no han dejado más remedio. Las fusiones entre entidades han facilitado el ajuste y el sector ha perdido más de más de 70.000 empleos, la práctica totalidad contratos fijos.

Entidades inviables sin la comisiones

El nivel decreciente de los tipos de interés, debidos a la reacción de los Bancos Centrales tras el estallido de la crisis financiera y la reducción del crédito bancario, están detrás de la caída sostenida del margen básico o margen por intereses, principal actividad de las entidades financieras.

Por el contrario, las comisiones han venido equilibrando en parte la caída del margen financiero, y supusieron para todo el sector unos ingresos de más de 16.600 millones de euros en 2015, de los cuales 5.200 millones correspondieron a servicios de cobros y pagos y servicios de valores.

Las comisiones por comercialización de productos, según datos oficiales del Banco de España, han aumentado notablemente en los últimos cinco años, pasando de poco más de 3.000 millones de euros en 2011 hasta los más de 4.200 millones de euros en 2015. Esta cifra supone más del 40% del resultado antes de impuestos del sector en 2015.

Mirando hacia adelante

El futuro del sector, pues, parece que tiene un camino claro aunque doloroso: estructuras más ligeras y mayor peso de la comercialización de productos en épocas de mayor transparencia informativa y de protección al inversor.

Todo ello bajo la amenaza de las empresas de fintech, que están llevando a cabo una continua y creciente irrupción en el sector financiero gracias a la tecnología y a la posibilidad de desintermediar sin la losa del descrédito reputacional que muchas entidades arrastran desde el estallido de la crisis por culpa de preferentes, cláusulas suelo, productos estructurados y condiciones abusivas. Todo un reto.