El foco de la semana: Informe del FMI

El foco de la semana: Informe del FMI

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Informe del FMI
En su reciente World Economic Outlook publicado la semana pasada, el Fondo Monetario Internacional (FMI) constata que la economía mundial crece por debajo de su potencial previo a la crisis financiera de 2008.

Destaca que en las economías avanzadas, entre las que se encuentra la española, la disminución del crecimiento potencial de la economía obedece a factores demográficos y a la desaceleración del crecimiento posterior al período excepcional que significaron los años anteriores a la crisis por las innovaciones en las tecnologías de la información. 

Añade que la disminución del crecimiento potencial de la economía implica mayor dificultad para sostener las finanzas públicas, generando déficits crónicos que agravarían el problema de la deuda pública.

Además, las políticas monetarias de interés cero, como la que actualmente aplica el BCE, comprometen el margen de actuación de este frente de la política económica ante el surgimiento de cualquier nueva amenaza para el crecimiento económico.

España ¿es diferente?
El caso español es una muestra evidente de lo que expresa el FMI en su informe. Si bien la economía española se encuentra en una fase de expansión económica, como se muestra en la evolución de la tasa de crecimiento del PIB, el crecimiento actual (alrededor del 2%) es inferior a las tasas que se registraban antes de la crisis financiera (entre el 3% y el 4% anual).



Comparativamente con la zona Euro, la economía española ha sufrido más en los dos episodios de crisis recientes (la financiera de 2008 y la crisis del euro de 2011), registrando caídas mayores en su tasa de crecimiento en ambos periodos.

La década perdida
España sufre además de un efecto que pocas veces se comenta, y que es el estancamiento de su PIB, incluso con la recuperación que se viene registrando desde el segundo trimestre de 2013. Este efecto, supone que el PIB actual se sitúe en niveles inferiores a los de 2007, por lo que la senda de crecimiento que registraba la economía española hasta la primera mitad del siglo XXI se ha perdido.



En concreto, para recuperar la pérdida de crecimiento económico que ha experimentado entre 2008 y 2014, y que supone un 25% en términos de crecimiento perdido, habría que aumentar el ritmo de incremento del PIB hasta el 7% de aquí a 2020. Es la tasa a la que crece la economía de China, un reto inalcanzable por ahora para la economía española.

Las previsiones de crecimiento para la economía española están en torno al 2,7% para 2015 y del 2,5% para 2016.



Estas cifras, si bien son positivas para el contexto del que proviene la economía, quedan lejos de lo deseable para que sus efectos se dejen sentir plenamente en una mejora evidente de los males que afectan a la economía española en la actualidad, en especial el desempleo.

Desempleo y envejecimiento, dos retos descomunales
Un desempleo elevado, unido a un envejecimiento de la población, tiene un especial impacto en el consumo de las familias. El consumo privado es uno de los motores del crecimiento del PIB, y su evolución suele condicionar la inversión privada, otro de los pilares en que se apoya el crecimiento en las economías desarrolladas.

El desempleo en España ha registrado una leve mejoría recientemente, pero sigue registrando tasas incompatibles con una expansión económica, con más del 23% de la población activa desempleada.



Según el INE, España perderá 2,6 millones de habitantes hacia 2023 con respecto a la población de 2013, situándose en poco más de 44 millones en ese año, desde los casi 47 millones de habitantes de 2013. El saldo migratorio, además, sería también negativo con casi medio millón de emigrantes al año y algo más de la mitad de inmigrantes.

Ambos factores, junto con un descenso de la natalidad pese a un ligero repunte del número de hijos por mujer, debido al menor número de mujeres en edad fértil, condicionan el futuro del desempleo a medio plazo y del crecimiento económico.



La innovación, nuestra esperanza
La respuesta a estos retos sólo puede venir de una transformación de la estructura de la economía española, mediante la creación de empleo en sectores de mayor valor añadido. De este modo, una crisis futura tendrá menores efectos en destrucción de PIB y de empleo, y recuperaciones más vigorosas.

El problema es que la estructura económica de un país no se puede alterar de un día para otro, requiere tiempo e implicación de todos los agentes económicos. Para que sea posible, la inversión privada tiene que crecer de forma mucho mayor de lo que viene haciendo, creando industrias que requieren personas mejor formadas y que pueden competir mejor, contribuyendo al crecimiento económico por la vía de las exportaciones. Nuestro sector exterior está agotando su capacidad de contribuir al PIB tal y como está configurado hoy en día.



Conclusión
Innovación, productividad, inversión, todo ello se repite en el informe del FMI que también hace hincapié en la necesidad de reformar elementos de la estructura económica. La innovación y el desarrollo permiten crear mayor valor en la producción de bienes y servicios, mayor PIB. Para que se puedan crear empresas e industrias innovadoras y de más valor, hay que disponer de personas con formación cualificada, por lo que es necesario formarlas adecuadamente y crear empleos que puedan ser ocupados por esas personas. De nada sirve invertir en educación para luego exportar el talento en bruto, sin transformarlo en actividad que tenga retorno en el país.

A España, día sí, día también se le aconseja que siga promoviendo reformas estructurales. No es una cuestión política, ni electoralista, sino necesaria, de supervivencia.