El foco de la semana: La demonización de las SICAV

El foco de la semana: La demonización de las SICAV

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Esta semana Ciudadanos ha presentado una proposición no de Ley en el Congreso de los Diputados para endurecer el trato fiscal a las Sociedades de Inversión de Capital Variable, más conocidas por su acrónimo SICAV.

La proposición, en línea con el pacto de gobernabilidad suscrito con el Partido Popular, contiene dos medidas. La primera, dar el control sobre el cumplimiento de los criterios para aplicar el tipo especial del impuesto de sociedades del 1%, el mismo que se aplica a los fondos de inversión, a la Agencia Tributaria en detrimento de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

La segunda propuesta es que, a los efectos de determinar la cantidad de accionistas para la consideración de Instituciones de inversión colectiva, sólo se computen aquellos que detenten más del 0,55% del patrimonio.

SICAV y fondos, solo cambia el envoltorio

Los fondos y las sociedades de inversión tienen que alcanzar una difusión mínima de 100 partícipes o socios antes de un año desde su constitución y mantenerla en el tiempo para que sean considerados instituciones de inversión colectiva. La condición de partícipe o socio se adquiere por la tenencia del mínimo exigido por el folleto del fondo o SICAV, muchas veces tan sólo 1 participación o acción.

Las SICAV son, mercantilmente hablando, sociedades anónimas mientras que los fondos de inversión son patrimonios sin personalidad jurídica. En las sociedades anónimas no cabe la discriminación entre socios, salvo que ostenten clases o series de acciones diferentes con distintos derechos, pero siempre iguales dentro de la serie o clase.

El hecho de exigir un mínimo del patrimonio del 0,55% para que el socio compute a efectos de difusión accionarial, implica que por lo menos el 55% del patrimonio de la SICAV esté en manos de 100 accionistas. De entrada,  puede parecer razonable, pero un análisis más profundo nos muestra la perversión de esta medida, que conseguiría justo lo contrario de lo que pretende.

Radiografía de las SICAV

El objetivo expresado en la proposición es que no se utilice un vehículo de inversión colectiva para la gestión de un patrimonio individual.

Según los datos de CNMV a cierre del segundo trimestre de 2016, en España hay 3.337 SICAV con un patrimonio total de 31.869 millones de euros. Más de la mitad tienen un patrimonio superior a los 4,8 millones y un 10% de ellas superan los 18 millones.

En cuanto a accionistas, las SICAV españolas aglutinan a casi medio millón de inversores, en concreto 491.296 accionistas según las estadísticas de CNMV. El 97% de las SICAV cuentas con más de 100 accionistas cada una y 11 de ellas tienen más de 1.000 accionistas individualmente.

Discriminar al pequeño inversor

La inversión media por partícipe en fondos de inversión es de 28.261 euros. En las SICAV, la inversión media por accionista es de 64.868 euros.

Parece que las SICAV cumplen con la función de inversión colectiva para la que han sido creadas, permitiendo a cualquier inversor la inversión desde importes mínimos muy bajos, puesto que tan solo suele exigirse 1 acción como inversión mínima. La exigencia de un mínimo del 0,55% implicaría que los accionistas tendrían que efectuar desembolsos mucho más elevados, en clara discriminación con los fondos de inversión. 

Esto supone, en la práctica, apartar al pequeño inversor de participar en estos vehículos, muchos de ellos más rentables y más baratos que los fondos de inversión.

¿Acaso no es colectiva una SICAV que cuenta con 400 inversores, independientemente del volumen de su patrimonio? Y ¿si tiene un patrimonio elevado, pongamos por caso, 60 millones de euros, tiene que nutrirse principalmente de inversores de más de 300.000 euros?

Lamentablemente, estamos ante una proposición que, además de discriminatoria, no va en la línea de lo que pretende evitar. Demonizar a todo un sector de la inversión colectiva y proponer unas medidas que lo que conseguirán es reducir la oferta a mano de los inversores minoristas de este país, es poco liberal e impropio de posiciones de centroderecha.