El foco de la semana: Los temores sobre España

El foco de la semana: Los temores sobre España

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Los temores sobre España
Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas celebradas en España el 24-M (24 de mayo de 2015) arrojan un panorama inquietante para la economía española de cara a las futuras elecciones generales y al gobierno que surja de ellas, antes de final de año.

De acuerdo a los resultados del escrutinio (con el 99.5%) publicados por el Ministerio del Interior (www.resultadoslocales2015.interior.es), cuatro partidos –el PP y C’s por la derecha y PSOE y Podemos por la izquierda- acapararían entre dos tercios y tres cuartas partes de los escaños en unas elecciones generales si se votara en el mismo sentido que en las recientes elecciones municipales.

¿Se acabó el bipartidismo?
Si tomamos como referencia los porcentajes de voto y lo extendemos a unos resultados electorales a nivel de Parlamento nacional, llegamos a la conclusión de que no va a haber, salvo que haya un giro considerable en la opinión pública, un gobierno de mayoría. Las encuestas de intención de voto, validadas por el escrutinio puesto que los porcentajes de voto obtenido se aproximan a los proyectados, avalan esta fragmentación.



La necesidad de pactos
Los necesarios pactos entre partidos tampoco parecen muy claros, debido a las diferencias considerables en su programa y objetivos. Así, por ejemplo PP y C’s, que comparten electorado, tienen grandes diferencias en materia económica, por lo menos sobre el papel.

Hay que recordar que España se halla en una situación financiera delicada, edulcorada por la política monetaria expansiva del BCE, que le permite financiarse a un tipo de interés históricamente bajo pese a tener un endeudamiento del 100% de su PIB y un déficit del 4.2% previsto para 2015. Esto, en la práctica, deja poco margen a grandes cambios en política económica.

Vale la pena recordar que buena parte de los cambios en el mapa político tienen origen en la crisis económico-inmobiliaria reciente, iniciada  en 2008, y que ha afectado especialmente a la clase media asalariada. Sin embargo, el gasto público no tiene posibilidad de crecer sin que los ingresos públicos, es decir, los impuestos, aumenten de forma significativa.

Mirando a derecha…
Mirando a los idearios de los partidos de derecha, tanto PP como C’s proponen rebajar los tipos impositivos, incluyendo los del IVA pero en el caso de C’s recurriendo al tópico de incrementar la recaudación mediante el aumento de la carga tributaria sobre “los que más tienen”. No parece muy atractivo para los empresarios, si este fuera el futuro socio de un PP a la baja.

El PP, por ahora, en esta legislatura ha sido aumentado tanto el IVA como el IRPF, ya sea por el incremento de las bases en los tramos en el impuesto sobre la renta como por los cambios de clasificación de los bienes y servicios en el caso del IVA, además de un aumento del gravamen tanto en el IVA normal como en el reducido. Las reformas implementadas en materia laboral, tampoco van en la línea de mejorar las condiciones sociales, sino que han fomentado un aumento del desempleo por ahora y una baja de salarios, eso sí, mejorando la competitividad aunque con un coste social muy elevado.

Y a izquierda…
Un eventual gobierno de izquierdas tendría que hacer compatible una escasa capacidad de gasto público con una mejora de las condiciones sociales, en un entorno de bajo crecimiento del empleo y los salarios y con un desempleo juvenil y de mayores de 40 años difícil de solucionar con la actual estructura de la economía española, apoyada en servicios de bajo valor añadido como el turismo.

El PSOE, en sus horas más bajas en algunos feudos tradicionales, no da señales de solvencia en materia económica, puesto que acumula, igual que PP, casos de malversación de fondos públicos en los juzgados que ponen en cuestión su eficacia gestora. También le pesa el endeudamiento dejado en herencia en un mal intento de enderezar el rumbo económico del país en los finales de su última etapa de gobierno nacional.

Los ejes de política económica que propone Podemos pasan por, entre otros, aumentar los impuestos sobre patrimonio y sucesiones, nacionalización de algunos servicios esenciales y garantía de renta mínima. Nada que seduzca al capital privado, que debería ser motor de creación de empleo e inversión.

Quiero y no puedo
Visto desde fuera, los deseos de incremento del gasto social y de una mejor redistribución de la renta y la riqueza, son objetivos deseables. Sin embargo, la realidad no se puede obviar. Así, según datos de la Agencia Tributaria, en España el 40% del gasto público en 2013 (más de 464 miles de millones de euros) se destinó a pensiones y prestaciones sociales, el 14% a sanidad y el 9% a educación. Por lo tanto, el 63% del gasto corriente ya va a estas finalidades, sin entrar a considerar si es o no suficiente.



También hay que tener en cuenta que la carga de la deuda pública va a seguir incrementándose hasta 2017, no tanto por el tipo de interés (a la baja gracias al BCE, ahora se entiende por qué), sino por el incremento de la base de deuda que devenga intereses. Se pasará de los 34.200 millones de euros a más de 40.000 millones en 2017, según el Ministerio de Hacienda.

¿Es España la próxima Grecia?
Hay preocupación en los mercados por el rumbo que pueda tomar una España con un gobierno frágil e hipotecado por costosos pactos necesarios. Los precedentes de Italia y Grecia no ayudan a imaginar qué podría suceder a finales de año si el resultado de unas elecciones generales da un Parlamento fragmentado con 4 o 5 partidos condenados a entenderse para formar Gobierno o con un inestable gobierno de minoría.

En Italia costó una parálisis que llevó a la UE a proponer un gobierno de técnicos (¿se acuerdan de Mario Monti?) y algo parecido sucedió en Grecia, acuciada además por un rescate costoso y una posposición de reformas económicas que han llevado al país a una situación financiera límite.

España, pese a que los datos muestran una cierta recuperación, sigue con un elevado endeudamiento, un déficit público persistente, un problema estructural en su economía que basa en bienes y servicios de poco valor añadido, una demografía poco favorable y altas tasas de desempleo. Por el contrario, mantiene un gasto social elevado en términos comparables, lo que implica un esfuerzo presupuestario muy grande, en un contexto de poco margen para incrementos de impuestos.

Un exceso de descontento social puede generar un parlamento “a la italiana”, con una dificultad de formar gobierno estable que lleve a cabo las ambiciosas reformas siempre pospuestas por el apretado calendario electoral. Y no hemos hablado de la gran reforma pendiente, la de las pensiones.