El foco de la semana: ¿Quo vadis, España?

El foco de la semana: ¿Quo vadis, España?

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El pasado domingo 27 de septiembre se celebraron elecciones al parlamento autonómico de Catalunya. El interés despertado por estas elecciones regionales residía en su carácter plebiscitario de cara a evaluar el soporte popular a un estado independiente de España, al haberse configurado listas con partidos claramente defensores y antagonistas de un proceso de secesión.

Plebiscitum tiene su origen en la Ley que emanaba de la plebe, a propuesta de un tribuno, en la época republicana de Roma, cuya aplicación afectaba sólo a ella y no a las clases sociales superiores. Posteriormente, dichas leyes afectaron a toda la población. Hoy en día, se somete a refrendo popular aquellas leyes o actos trascendentes, de modo similar al plebiscito romano.

Plebiscito sin referéndum
La imposibilidad de pactar un referéndum mediante los cauces constitucionales, determinaron que estas elecciones se mostrasen como un éxito o un fracaso en función de la participación de los votantes, en vistas a legitimar su resultado y las conclusiones que se pudieran derivar.

Sobre la legitimidad del resultado hay poco que cuestionar. La participación (77,44%) supuso  un nuevo récord en la historia de la democracia post transición para unas elecciones autonómicas, sólo superado por la participación en las elecciones generales legislativas de 1977, las primeras de la restauración de la democracia después de la dictadura de Franco, y 1982 en las que el PSOE pasó a gobernar por primera vez.



Los resultados de la votación, sin entrar en valoraciones comparativas, dan una mayoría de escaños en favor de los partidos que proponen un estado independiente, mientras que acumulan más votos los partidos contrarios a esa vía, aunque por un escaso margen.

Nada será igual
Sin embargo, una segunda lectura, nos permite ver más allá en cuanto al posicionamiento de las diferentes opciones. Así, tanto C’s como PP están más por mantener el actual sistema de Estado, con un Gobierno central fuerte y unas autonomías que administran algunas competencias. Contrapuestamente a esta opción, los partidos pro-independencia, en los que Junts x sí representa la opción más moderada y las CUP la vía más radical, quieren administrarse de forma completamente autónoma e independiente.

En una dinámica algo distinta, tanto PSC (PSOE) como Catalunya sí que es pot (Podemos-IU), ofrecen un discurso de cambio constitucional para crear un Estado en España de corte más federal, de modo que las naciones que conviven bajo esta misma unidad puedan ver satisfechas sus aspiraciones de autogobierno en mayor medida que la actual autonomía. En cierto modo, no es tan diferente de lo que parte del electorado de Junts x sí venía defendiendo hasta hace poco tiempo.



La Constitución de 1978, en el punto de mira
La interpretación de los resultados difiere en función de la ideología de cada representante político. Así, los ganadores de las elecciones entienden que tienen un amplio mandato democrático para llevar adelante su programa de crear un Estado independiente de España en un plazo máximo de 18 meses, preferiblemente por la vía de negociación con el gobierno de España y, en segunda instancia, con las instituciones europeas. No obstante, no descartan una Declaración Unilateral de Independencia, que es la vía que propone su necesario aliado, la CUP, para disponer de una mayoría absoluta en el parlamento autonómico.

Por otro lado, los contrarios a la independencia argumentan que el pretendido plebiscito no ha conseguido obtener la mayoría absoluta de los votos, por lo que no es deseo de la mayoría de la población en Catalunya iniciar la vía de proclamarse estado independiente. Esta lectura es una simplificación peligrosa de la realidad, puesto que el porcentaje de votantes que se manifiestan claramente a favor de un cambio de la situación de encaje político de Catalunya en España es superior a los 2/3 de los votos emitidos.

Esperando las elecciones generales
La clave inmediata, sin embargo, estará en el gobierno que surja de las próximas elecciones generales españolas. Los sondeos más recientes indican que el PP aventaja en intención de voto al PSOE, aunque el retroceso desde las últimas generales es superior para los populares (más de 15 puntos) que para los socialistas. Los partidos alternativos a los tradicionales (Ciudadanos como sustitutivo al PP y Podemos como competidor del PSOE), pierden fuelle aunque de forma más notoria Podemos que Ciudadanos.

Según un sondeo reciente de Demoscopia Servicios, la distribución de escaños podría ser la siguiente:



Con esta expectativa, el PP sería capaz de seguir gobernando, aunque debería recurrir pactos puesto que no gozaría de la mayoría absoluta que obtuvo en 2011. Su aliado natural sería Ciudadanos, aunque la voluntad de diferenciarse de los partidos tradicionales podría marcar la imposibilidad de pacto. Aceptando la posibilidad de formar coalición, tampoco está claro que el soporte de Ciudadanos fuese suficiente porque no alcanzarían los 176 escaños necesarios para la mayoría parlamentaria.

Por el contrario, PSOE y Podemos no parece que contaran con suficientes escaños para gobernar, por lo que los partidos más propensos a una reforma constitucional para encajar Catalunya sin llegar a una independencia unilateral tampoco tendrían suficiente fuerza para gobernar con pacto.

Las fuerzas nacionalistas (ERC-PNV-CDC) tendrían en conjunto unos 20 escaños, y podrían favorecer a los partidos que fueran más proclives a revisar la Constitución española en favor de sus expectativas.

Europa observa de cerca
En conclusión, tanto el panorama a nivel catalán como a nivel español se abren a mucha incertidumbre en los próximos meses. Esta situación, puede no provocar grandes cambios que afecten a la economía española en el corto plazo, pero la perspectiva de un parlamento español poco estable puede implicar el desembarco de la Unión Europea para evitar cierto caos político y desgobierno que impliquen una relajación en el cumplimiento de los compromisos de estabilización económica y financiera.

En cierto modo, es previsible una “italianización” de la política española en 2016 y no sería descartable un futuro gobierno de talante tecnócrata para impulsar una reforma constitucional que permita que la Unión europea no sufra su primera secesión no pactada.