El foco de la semana: Tipos de interés negativos ¿una medida acertada?

El foco de la semana: Tipos de interés negativos ¿una medida acertada?

Anchor

El Banco de Japón se sumó a la moda de los tipos de interés negativos a semejanza de los bancos centrales de Suiza, Suecia, Dinamarca y, recientemente, la zona del Euro. Con ello, se penaliza los depósitos de los bancos comerciales en su respectivo banco central, como reservas. La medida pretende estimular que los bancos presten más dinero a familias y a empresas, aumentar el consumo y la inversión y alejarse de la deflación, pero ¿resulta efectiva?

Aumento de las reservas bancarias

El negocio bancario consiste, fundamentalmente, en prestar dinero a un tipo de interés superior al que se remuneran los depósitos de sus clientes. Las rebajas de tipos oficiales han perseguido mejorar las condiciones de financiación para los solicitantes de préstamos. Sin embargo, los bancos en general han tendido a acumular en los bancos centrales el dinero que obtienen de las facilidades de crédito de los bancos centrales desde la crisis financiera de 2008, como consecuencia de las mayores exigencias derivadas de las normas de solvencia (Basilea III) y de la caída de la demanda de crédito final.

Casi una cuarta parte del PIB del mundo tiene origen en países con tasas de interés oficiales negativas, tal y como afirma The Economist. El tipo negativo de depósito fijado por el banco central actúa como un techo para las tasas de interés a corto plazo en los mercados de dinero y para los tipos de interés de los préstamos a tipo variable, como muchas hipotecas referenciadas al Euríbor.

¿Hay límite?

Haruhiko Kuroda, el gobernador del banco central de Japón, afirmó que no hay límite a las medidas para flexibilizar la política monetaria. En las tasas de interés, al menos, eso es incorrecto. El límite puede no ser cero, pero sigue existiendo.

La tendencia de los economistas a creer que, con tipos de interés negativos, los bancos y los ahorradores retirarían sus depósitos y mantendrían el dinero en efectivo no se ha evidenciado por ahora. En Europa, donde las tasas han sido negativas durante más de un año, se han mantenido estables.

Para los bancos comerciales, cargar intereses negativos sobre los depósitos ha demostrado ser soportable en comparación con el coste de almacenar de forma segura montones de dinero en efectivo. Por el momento, no han trasladado este coste a los depósitos de los clientes particulares, pero podrían no tardar en hacerlo.

Esto dará lugar sin duda a una contracción de los beneficios de la banca, en particular en la zona del euro, donde el BCE aplica una tasa de interés del -0,3% a casi todas las reservas de los bancos comerciales.

Una alternativa son los bonos gubernamentales seguros y líquidos, pero sus rendimientos también han pasado a ser negativos, incluso en los plazos de hasta diez años en Suiza.

En cualquier caso, puede que los tipos de interés negativos, además de crear una distorsión en el proceso racional de asignación de activos, acaben por generar más problemas que soluciones. Unos bancos menos rentables, sometidos a criterios más estrictos de solvencia,  pueden terminar por conceder menos crédito contribuyendo a una desaceleración de la economía en lugar del efecto expansivo pretendido. Además, esa desaceleración del consumo y la inversión fruto de menor crédito bancario, podría agravar el problema de la deflación.

Cuando con tipos de interés bajos el crédito no crece, es muy probable que los motivos tengan que ver con otros factores que no sólo el coste financiero. Tal vez haya que preguntarse si los salarios, las expectativas del empleo, el proceso de desapalancamiento crediticio post-crisis, la incertidumbre por factores geopolíticos y la demografía tienen que ver con ello.